Como comentábamos en un post anterior, la odontología en general y la implantología en particular han vivido una evolución imparable en los últimos años, aportando soluciones innovadoras –e incluso revolucionarias- en materiales y técnicas. Prótesis e implantes cada vez más eficaces, cómodos y duraderos, algunos de ellos muy difíciles de diferenciar de un diente original, tanto por estética como por funcionalidad.

Y precisamente vamos a hablar de materiales y funcionalidad en este post. En concreto de los dientes posteriores. Porque los molares y premolares no cumplen la misma funcionalidad que los dientes anteriores (incisivos y caninos) y, por tanto, tampoco exigen los mismos materiales a la hora de realizar una prótesis.

Factores a tener en cuenta antes de elegir

 A la hora de elegir el material que utilizará en estas prótesis posteriores, el dentista ha de tener en cuenta una serie de factores.

-Si el paciente padece bruxismo, que consiste en apretar la mandíbula o rechinar los dientes de manera inconsciente, generalmente mientras dormimos. Este hábito puede generar problemas como desgaste dental, dolor muscular o cefalea.

-Si la prótesis va sobre un implante o sobre un muñón natural. No todos los materiales son compatibles con un implante y algunos pueden tener un comportamiento diferente sobre implante y sobre muñón natural (diente tallado sobre el que se coloca la prótesis).

-Si es una corona individual (un diente) o un puente (varios dientes). Determinará cómo se distribuyen las fuerzas masticatorias o las limitaciones físicas de algunos materiales (que no permiten muchas piezas dentales seguidas).

-Si el paciente tiene alergias a algún material (metal, resina…).

-Si existen otras prótesis previas en la boca. Hay que tener en cuenta los materiales y la posición de unas y otras para evitar descompensaciones.

La estética: color y estado de los otros dientes, edad del paciente, etc.

Elegir el material más adecuado

Como siempre, es una decisión que debemos dejar en manos de nuestro dentista.

Metal cerámica: la estructura interior puede ser de cromo-cobalto de titanio o cromo-níquel combinado con cerámica en la parte exterior. Es un material resistente que se lleva aplicando desde hace décadas. Es el más indicado para pacientes con bruxismo, tanto para prótesis sobre muñón como para prótesis sobre implante y  tanto para coronas individuales como para puentes. Sólo hay que tener cuidado con las posibles alergias derivadas del metal.

Zirconio: está teniendo una gran aceptación en los últimos años, como alternativa al metal cerámica, especialmente en el caso de alergias. Es un material más versátil. Puede fabricarse de una sola pieza, realizada íntegramente en este material (zirconio monolítico) o de dos piezas y dos materiales: una estructura de zirconio y sobre ella cerámica cargada. Aunque es muy resistente, el zirconio no está recomendado para pacientes con bruxismo, ya que no absorbe del todo las fuerzas masticatorias, pudiéndolas trasmitir al hueso.

Cerámicas: tienen un alto valor estético, pero en términos generales no son recomendadas para la rehabilitación de molares y premolares, dada su fragilidad.  No obstante, con la llegada de sistemas más tecnológicos al sector dental, como escáneres digitales, fresadoras o el diseño por ordenador, se están desarrollando nuevas cerámicas híbridas, compuestas de cerámica y resina, que aportan mayor flexibilidad y resistencia.

Composite: es una alternativa al metal más reciente y muy eficaz. Su dureza es la más parecida al diente natural. Tiene propiedades mecánicas superiores a las cerámicas y más cercanas al metal, ya que es muy resistente y reparte mejor la fuerza masticatoria. Destacan sobre todo el PEEK y la fibra de carbono. Estos materiales también se están utilizando para implantes en otros sectores médicos, como la traumatología o la cirugía maxilofacial.

Problemas de una mala elección

Si elegimos un material equivocado pueden surgir diferentes problemas:

– La fractura de la prótesis

– Fracaso del implante. Puede que no se rompa la prótesis pero, debido a la transmisión inadecuada de las fuerzas, que sí se acabe dañando al implante.

– Desgaste del hueso o de la raíz, igual que en el caso anterior, por una mala trasmisión de las fuerzas masticatorias.

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